El adiós al higo, la bienvenida al pino

Hay un momento, cada año, en que el aire cambia de idea. No es un día concreto ni una fecha en el calendario es algo que se nota primero en la piel, luego en la luz, y por último en el olfato.
Todavía queda calor en las piedras. Todavía huele a verano si cierras los ojos: a higuera bajo el sol del mediodía, a esa dulzura cremosa y verde que solo existe en el interior de la isla en agosto. Pero algo empieza a cambiar. Las tardes se acortan sin avisar, la luz se vuelve más baja, más dorada, más lenta. Y ese aroma a higo maduro que tanto nos ha acompañado empieza, poco a poco, a despedirse.
Es una despedida silenciosa. No hay un último día de higuera, como no hay un último día de verano simplemente, un día te das cuenta de que ya no está, de que se ha ido dejando solo el recuerdo de su dulzura.

Y entonces llega el otro aroma. El que anuncia lo que viene.
Las primeras noches frías traen los primeros encendidos de chimenea ese olor a madera, a resina, a tierra húmeda que se cuela en casa y nos recuerda que el otoño ya está aquí, aunque el calendario todavía no lo haya confirmado del todo. Es el aroma del pino, más amaderado, más profundo, el que reconocemos nada más abrir la puerta y que nos devuelve a la sierra de Tramuntana, a sus pinares centenarios, a esa parte más salvaje y auténtica de la isla que el verano casi nos hace olvidar.

Septiembre es esto: un tránsito. Ni verano ni otoño del todo. Un pie todavía en la higuera, otro ya en el pino. Las tardes se acortan, sacamos una manta que llevaba meses guardada, encendemos la primera vela sin saber muy bien por qué, y sin embargo hay algo
reconfortante en ese cambio  como si el cuerpo lo necesitara, como si cada estación llegara justo cuando tocaba irse la anterior.

En Aromas de Mallorca creemos que los olores son calendario y son memoria a la vez. Que una fragancia puede marcar el final de algo un verano, una manera de estar en casa con las ventanas abiertas y el principio de otra: los atardeceres cortos, el jersey fino por las noches, la chimenea que vuelve a encenderse.

Así que esta semana, si notáis que el aire ya no huele del todo a verano, dejad que se despida bien. Y cuando llegue el primer día en que os apetezca encender la chimenea, dejad que el pino os dé la bienvenida al otoño.


Con cariño,
Ana y Aina